Como No Estas Experimentado En Las Cosas Del Mundo

Como No Estas Experimentado En Las Cosas Del Mundo
Nuestro editorial: Nadie nos valorará si no nos valoramos nosotros “Como no estás experimentado en las cosas del mundo, todas las cosas que tienen dificultad te parecen imposibles; confía en el tiempo, que suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades”.

Así aconsejaba Don Quijote a Sancho hace más de cuatro siglos, y no era ni es mal consejo. Corren tiempos difíciles, que seguro pasarán, pero como nos descuidemos mucho van a quedar unos cuantos por el camino, la mayoría, por desgracia, de forma voluntaria. Nada nuevo en este sector, nada que no se haya superado antes, pero con una gran diferencia: cada día somos menos y, en algunos casos, con pocas ganas.

Sería conveniente no encomendarnos solo al tiempo y ponernos manos a la obra, Todos somos importantes, pero en la cadena alimentaria no todos cargan con la misma cruz. Ya va siendo hora de que esto cambie, por la cuenta que nos trae, pues todos somos imprescindibles en la cadena alimentaria.

  1. Habrá que recordar de nuevo al lúcido hidalgo cuando dice que “en las desventuras comunes se reconcilian los ánimos y se estrechan amistades”.
  2. En las desventuras comunes se reconcilian los ánimos y se estrechan amistades” Es triste que siempre pase lo mismo.
  3. Hasta que no estamos con la soga al cuello no nos concienciamos de que solos no llegamos a ninguna parte.

Tendremos que recuperar sin demora el que se llamó ‘espíritu de Madrid’ y afrontar este reto “todos juntos por el Campo”. El nuevo número de nuestro periódico hace balance de una campaña agridulce, con un cereal de pobres resultados por culpa de los golpes de calor, pero con un resultado económico, en lo general, alejado del desastre.

Mientras el regante sigue peleando para sacar adelante sus cultivos en un escenario muy duro, con precios de la luz que elevan los gastos de producción a la categoría de inasumibles. Vaya escenario se presenta. Como esto no cambie no sé quién, ni qué, se va a sembrar el próximo año. Puede que la salida del laberinto no llegue desde Moscú, ni de Madrid, ni desde Bruselas.

Tal vez la llave esté en nosotros, en la voluntad, el trabajo y la profesionalidad que ahora más que nunca pasa por el diálogo y la negociación con una industria agroalimentaria que necesita conocer y reconocer la importancia vital que para ella tienen el agricultor y el ganadero.

Si hay voluntad por todas las partes, no será difícil encontrarse. Este camino lo tenemos que recorrer juntos. “Todos somos imprescindibles en la cadena alimentaria” Entre tanto, tendremos que seguir haciendo aquello que sabemos hacer, con todos los sentidos puestos en garantizar la rentabilidad un año más.

Y seguir apostando por aquello que ha demostrado con creces ser una fórmula de éxito. Como el caso de las cooperativas, que protagonizan este número de CAMPO. Cada una con su idiosincrasia, pero todas con un balance positivo para el socio y para el territorio en el que operan.

¿Cómo acaba el Quijote frase?

¿Cómo acaba el Quijote frase? – El Quijote de Miguel de Cervantes es una de las obras más famosas de la literatura universal. La última frase del Quijote es uno de los momentos más emotivos de la novela. Esta frase dice: “Bien acabó aquí la historia del valiente don Quijote de la Mancha, del cual no se han de añadir en esta parte más hechos porque todos los que pudieron ser contados, fueron contados”.

En esta frase se refleja el agotamiento del protagonista y la sensación de cierre de la novela. Don Quijote ha vivido distintas aventuras, pero todas han sido relatadas en la misma novela. El cierre de la historia pone el broche de oro a una de las obras más maravillosas de la literatura. Los lectores se quedan con un sentimiento de tristeza y satisfacción al mismo tiempo.

Tristeza porque la historia de Don Quijote ha llegado a su fin, pero satisfacción porque la leyenda del caballero de la triste figura seguirá viviendo por siempre. El Quijote ha conseguido ser uno de los mejores ejemplos de literatura universal.

¿Cuál es el amor ficticio de don Quijote?

Dulcinea es el resultado de la fantasía de Quijote, un ser ideal que no puede existir, y la persona que existe en el Toboso, la moza labradora Aldonza Lorenzo, es el contrario extremo de su ideal.

¿Como decía Cervantes confía en el tiempo?

‘Confía en el tiempo, que suele dar dulces salidas a amargas dificultades’. Esta frase es del español Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616), novelista y poeta quien nació un día como hoy y que fue tan destacado en su tiempo, que aún tiene vigencia.

¿Cómo se llama el capítulo 23 de don Quijote?

De las admirables cosas que el estremado 1 don Quijote contó que había visto en la profunda cueva de Montesinos, cuya imposibilidad y grandeza hace que se tenga esta aventura por apócrifa 2.

¿Cómo es la frase de Sancho Panza?

¿Pertenece la frase “Sancho, dejad que los perros ladren.” al Quijote de Cervantes? El pasado martes, la señal de la cámara de diputados transmitió en vivo el debate posterior al anuncio presidencial por las medidas de contención del COVID-19 en Chile.

En el fragor de la discusión, llamó particularmente la atención la construcción y el contenido de una frase del abogado y diputado Jorge Alessandri. “Anoche leí una novela. Famosa. Su autor lleva el nombre de pila Miguel. Y una frase me hizo recordar —un poco— lo que vemos en este parlamento”, comenzó diciendo el delegado.

Enseguida concluyó: “Ese momento tan especial, cuando el ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha le dice a su escudero Sancho: ‘Sancho, dejad que los perros ladren, es señal de que cabalgamos’. Gracias, presidente”.

La famosa frase “Ladran, Sancho, señal que cabalgamos” y sus decenas de variantes han sido ampliamente utilizadas para señalar que alguien marcha a contrapelo de las críticas o los problemas que puedan irse suscitando.Llama la atención la certeza con que dicha expresión se atribuye al manco de Lepanto y, en particular, a su obra El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha,En Culto verificamos si efectivamente corresponde a la novela de Cervantes.Una de las primeras referencias en Internet corresponde al medio español 20 Minutos, que cita el poema “Kläffer” (Ladran), de Johann Wolfgang von Goethe, como el posible origen de la frase. Publicado originalmente en 1808, es decir dos siglos después que el Quijote (1605), su última estrofa podría arrojar alguna luz:

“Pienso que no es de nadie, o sea de todos. Debe ser la tradición oral, popular, y de ahí lo tomó Cervantes o Goethe indistintamente. Eso ha ocurrido mucho siempre”, explica a Culto el poeta Rafael Rubio, experto en literatura española. “En definitiva, no importa quién es el autor sino lo que significa.

Yo puedo decir: ‘Adentro de lo oscuro hay una luz rabiosa’, ¿de quién es? ¿Mío? Pero Neruda había utilizado la expresión luz rabiosa en un poema y Octavio Paz también y muchos otros. Todo es de todos, finalmente, o de la lengua o de la tradición, que es el inconsciente de una lengua”, añade. En una búsqueda en línea en la edición del Quijote publicada por la Biblioteca virtual Miguel de Cervantes (disponible en ), las palabras “ladran”, “avanzamos” y “cabalgamos”, no figuran en el texto.

“Efectivamente, tal como señalan esas voces que mencionas, en ningún lugar del texto original de Miguel de Cervantes aparece dicha escena”, dice a Culto el académico de la Facultad de Letras de la Universidad Católica, Pablo Chiuminatto, editor de El Quijote: versión abreviada y adaptada al español de América (Ediciones UC, 2017).

Según Chiuminatto, “esto no es solo un efecto de la recepción de la obra y la fama de su autor, sino también de lo prolífico en imágenes que es el texto mismo. Basta revisar lo escueto del pasaje de los molinos, o la escena de los odres de vino, para comprender que el legado ha sufrido también la deformación de ciertos pasajes que parecieran de gran importancia, cuando es más bien el cúmulo de lecturas e interpretaciones de la obra lo que funda este imaginario que excede el original”.

Dice el profesor de la PUC: “La realización de variaciones como aquel poema de Goethe al que se atribuye la referencia, así como más recientemente las múltiples adaptaciones cinematográficas, el musical o el ballet, sustentan la sobrevivencia de estas recreaciones.

¿Qué reflexion deja Don Quijote?

2. Sé fiel a tu ideal – A pesar de las adversidades, Don Quijote nos deja como enseñanza la importancia de tener sueños aunque parezcan imposibles o incluso nos tachen de locos.

¿Quién es el novio de Dulcinea?

Dulcinea del Toboso es la dama de quien está enamorado el protagonista Don Qujote en la novela El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha por Miguel de Cervantes Saavedra.

¿Cómo se llama el caballo de don?

Rocinante es el nombre del caballo de Don Quijote en el famoso libro de Miguel de Cervantes Don Quijote de la Mancha, ‘cuatro días se le pasaron en imaginar que nombre le pondría y así después de muchos nombres que formó borró y quitó, añadió, deshizo y tornó a hacer en su memoria e imaginación, al fin le vino a

¿Cuál es la diferencia entre Don Quijote y Sancho Panza?

Sancho Panza, a diferencia de su señor, es un hombre realista y práctico que lo seguirá fielmente a pesar de que no entiende sus idealismos. Mientras Don Quijote se dedica a deshacer imaginarios entuertos en su camino; Sancho, sencillo y bonachón, tratará de disuadirle para que no se meta en complicaciones.

¿Como no eres experimentado en las cosas del mundo Don Quijote?

‘Como no estás experimentado en las cosas del mundo, todas las cosas que tienen algo de dificultad, te parecen imposibles. Confía en el tiempo, que suele dar dulces salidas, a muchas amargas dificultades.’ 🏰⚔️👨🏼‍🌾Don Quijote de La Mancha.

¿Cuál es la frase más conocida de Don Quijote de la Mancha?

El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, una novela escrita por el más célebre escritor español de todos los tiempos, Miguel de Cervantes Saavedra, fue publicada por primera vez el 16 de enero de 1605 y es considerada como la obra más destacada de la literatura universal.

Su tratamiento burlesco y desmitificador de la tradición caballeresca la conforman como la primera novela moderna y una de las mejores obras literarias de la historia junto al Decamerón (Giovanni Boccaccio ), la Divina Comedia (Dante Alighieri), Hamlet (William Shakespeare), Crimen y Castigo (Fiódor Dostoievski) o 1984 (George Orwell).

El Quijote ha sido, después de la Biblia, la obra más veces publicada y también la más traducida en todo el mundo. Estas son las frases más famosas de la novela de Cervantes : Don Quijote de la Mancha “¡Oh, memoria, enemiga mortal de mi descanso!”. “La virtud más es perseguida de los malos que amada de los buenos.” “La ingratitud es hija de la soberbia.” “La razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de la vuestra fermosura.” “Come poco y cena menos, que la salud de todo el cuerpo se fragua en la oficina del estómago.” “La sangre se hereda y la virtud se aquista; y la virtud vale por sì sola lo que la sangre no vale.” “Esta que llaman por ahí Fortuna es una mujer borracha y antojadiza, y sobre todo, ciega, y así no ve lo que hace, ni sabe a quien derriba.” “Las tristezas no se hicieron para las bestias, sino para los hombres; pero si los hombres las sienten demasiado, se vuelven bestias.” “La pluma es lengua del alma; cuales fueren los conceptos que en ella se engendraron, tales serán sus escritos”. “¡Venturoso aquel a quien el cielo dio un pedazo de pan, sin que le quede obligación de agradecérselo a otro que al mismo cielo!” “Por la libertad, asì como por la honra, se puede y se debe aventurar la vida.” “Confía en el tiempo, que suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades”. “Y verá el mundo que tiene contigo más fuerza la razón que el apetito.” “Sábete, Sancho, que no es un hombre más que otro si no hace más que otro.” “No huye el que se retira.” “¡Oh bella ingrata, amada enemiga mía!, del modo que por tu causa quedo: si gustares de acorrerme, tuyo soy; y si no, haz lo que te viniere en gusto, que con acabar mi vida habré satisfecho a tu crueldad y a mi deseo”.

¿Cuál es la famosa frase de Miguel Ángel?

La vida es el regalo que Dios nos hace. La forma en que vivas tu vida, es el regalo que le haces a Dios.

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¿Cuál es el tema que se trata en el capítulo 22 de don Quijote?

Trata de darle limosna a uno, pero éste se la rechaza. Ve un hombre viejo y desdichado que cree que va a morir cumpliendo su condena y reflexiona sobre la libertad y la corrupción.

¿Qué apodo le pone Sancho a don Quijote?

De Wikiquote, la colección libre de citas y frases célebres. «Aquel caballero que allí ves.». Alonso Quijano y Sancho Panza en una composición fotográfica de Luis de Ocharan para la revista La Esfera (1916) Don Quijote de la Mancha es el sobrenombre por el que se conoce al hidalgo Alonso Quijano, protagonista de las dos novelas escritas por Miguel de Cervantes que forman Don Quijote de la Mancha,

¿Cuáles son los consejos que le dio don Quijote a Sancho?

‘Procura descubrir la verdad por entre las promesas y dádivas del rico, como por entre los sollozos e importunidades del pobre’. ‘Cuando te sucediere juzgar algún pleito de algún tu enemigo, aparta las mientes de tu injuria y ponlas en la verdad del caso. No te ciegue la pasión propia en la causa ajena’.

¿Cuando los perros ladran es señal?

Cuando los perros ladran mucho, siempre se ausenta el venado – Academia Mexicana de la Lengua.

¿Por qué ladran los perros?

¿POR QUÉ LOS PERROS LADRAN? | Nature Los perros ladran para comunicarse con otros perros y con las personas. Sin embargo los ladridos no tienen un sentido como nuestras palabras. Su función general es la de llamar la atención sobre el resto de señales de comunicación que emiten, pero también transmiten un mensaje más específico sobre su estado emocional.

¿Que le causa risa a Sancho Panza?

Sancho sí rie y derrama aquellas lágrimas que su corazón le envía abundantes. Llora el escudero porque no es un orate sino un hombre simple con sus puntas de burlón y filósofo. Sus llantos son, a veces, más para provocar a risa que a otra cosa; por ejemplo, las lamentaciones que hace al borri- quillo robado.

¿Qué podemos aprender de Don Quijote de la Mancha?

Fernando Lázaro Carreter – Según Miguel de Unamuno el Quijote no es de Cervantes sino de quien lo lea y lo sienta porque “Cervantes sacó a Don Quijote del alma de su pueblo y del alma de la humanidad toda”. La lectura del Quijote es una conexión con las raíces de nuestra cultura y de nuestro idioma.

  • Una primera aproximación puede ser difícil, pero a partir del segundo encuentro, la experiencia resulta entrañable.
  • Aquí interesa resaltar, en primer lugar, que el Quijote es una invitación “al ejercicio de una facultad humana sin par, al ejercicio de la libertad”, para decirlo con palabras de Pedro Salinas en su ensayo titulado “Lo que debemos a don Quijote “.

En efecto, el Caballero de la Triste Figura (como lo denominó Sancho) y su escudero son personajes que representan el espíritu libre: uno busca aventuras basadas en sus códigos morales caballerescos y el otro busca un beneficio económico con su trabajo, la esperanza de ser gobernador de una ínsula.

Pero en ambos se siente un cansancio de su vida monótona y ordinaria, sujeta a las necesidades sociales y biológicas, que parece impulsarlos a una entrega imaginativa a vivir, a su modo, en libertad. Don Quijote y Sancho son hombres libres, y cada uno se lanza a las aventuras impulsado en su libertad de elegir.

En segundo lugar, leer el Quijote nos enseña que la Verdad es relativa. En este sentido, en el Capítulo 25 (I) don Quijote le dice a Sancho: “Eso que a ti te parece bacía de barbero, me parece a mí yelmo de Mambrino, y a otro le parecerá otra cosa”. Este pasaje es para Américo Castro el más significativo de toda la obra de Cervantes, porque plantea el tema de la relatividad de los juicios de valor en la interpretación de los hechos.

  • De este modo, Castro señala que el Quijote es una contribución al tema de la interpretación de la realidad oscilante, es decir, la realidad es como cada cual la percibe, y para ello es relevante el aporte de la experiencia; e igualmente queda en entredicho el valor de la Verdad.
  • Don Quijote y Sancho Panza ven cosas distintas: uno ve la ficción y el otro la realidad; pero el mensaje de que cada uno observa cosas distintas es un homenaje a la tolerancia, tal como asevera Juan Pablo Gómez en su artículo publicado en Prodavinci titulado “El desorden de Cervantes”,

La verdad es relativa y cada uno tiene la suya, pero nada me autoriza a descalificar a quien no piense como yo. El principio de la tolerancia en las relaciones humanas es avalado en este certero pasaje quijotesco, y es concepto que también aparece en las Novelas ejemplares,

  1. En tercer lugar, Cervantes enseña en el Quijote que la palabra empeñada es de alto valor y hay que respetarla.
  2. Para esto utiliza el capítulo del niño Andrés, azotado por Juan Haldudo, un labrador que lo explotaba y no le pagaba su salario.
  3. Este maltrato fue presenciado por don Quijote, quien se presenta a demandar el cese inmediato del maltrato exclamando que si no cesa en su castigo recibirá una pena que él mismo se encargará de aplicar.

De acuerdo con el código moral caballeresco, don Quijote debía intervenir para evitar el abuso de poder de unos sobre otros. Ese es su sentido de justicia y el Caballero de la Triste Figura se sentía obligado a imponerla, por la fuerza si era necesario.

  1. Más adelante, Andrés aparece nuevamente (I, Cap.31) y esta vez le pide a don Quijote que no lo ayude más, porque cuando don Quijote se fue, Haldudo le siguió pegando.
  2. Esta reacción de Andrés se debe a que el labrador Haldudo había faltado a la palabra empeñada a don Quijote, y una vez que este se despidió, el labrador continuó con los maltratos.

Ante esto, don Quijote reconoce que cumplir la palabra empeñada es virtud de las personas de honor y afirmó que volvería para vengar semejante falta. En cuarto lugar, tenemos el sentido de justicia que aparece en el Capítulo 22 de la primera parte en el que don Quijote se topa con los galeotes que son llevados a las galeras.

Don Quijote no acepta que nadie vaya forzado contra su voluntad, pero en este caso se trata de delincuentes y el Caballero de la Triste Figura, por loco, termina liberándolos y ocasionando un perjuicio a la sociedad. Aquí se presenta el enfrentamiento de don Quijote contra el código jurídico vigente y sus contradicciones Finalmente, y si tuviera que señalar una cualidad capital para insistir en la necesaria lectura de esta obra magna, ella sería, como advierte Pedro Salinas, que es un homenaje a la libertad, porque nos educa para vivir y ser libres.

Así lo expone don Quijote: «La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres» (II, Capítulo 58).

¿Cuáles son los valores de Don Quijote de la Mancha?

El Quijote contiene muchos valores. De ellos el Dr. Martínez-Otero selecciona los diez siguientes: amor, espiritualidad, honor, justicia, lealtad, libertad, nobleza, palabra, paz y valentía. Sobre dichos valores se ofrece un análisis que invita al lector a la reflexión.

¿Que le prometió Don Quijote a Sancho Panza ya cambio de qué?

Don Quijote le promete a Sancho una ínsula, lo que persuade a Sancho a acompañar y servir al caballero andante. Don Quijote, según él mismo, ha prometido fidelidad («fe») a Dulcinea3.

¿Cuál es la última palabra de Don Quijote de la Mancha?

El VALE más ilustre es el que Cervantes coloca, a guisa de despedida o adiós como última palabra del Quijote.

¿Cuáles fueron las últimas palabras de Don Quijote antes de morir?

Miguel de Cervantes Saavedra Como las cosas humanas no sean eternas, yendo siempre en declinación de sus principios hasta llegar a su último fin, especialmente las vidas de los hombres, y como la de don Quijote no tuviese privilegio del cielo para detener el curso de la suya, llegó su fin y acabamiento cuando él menos lo pensaba; porque, o ya fuese de la melancolía que le causaba el verse vencido, o ya por la disposición del cielo, que así lo ordenaba, se le arraigó una calentura, que le tuvo seis días en la cama, en los cuales fue visitado muchas veces del Cura, del Bachiller y del Barbero, sus amigos, sin quitársele de la cabecera Sancho Panza, su buen escudero.

Éstos, creyendo que la pesadumbre de verse vencido y de no ver cumplido su deseo en la libertad y desencanto de Dulcinea le tenía de aquella suerte, por todas las vías posibles procuraban alegrarle, diciéndole el bachiller que se animase y levantase, para comenzar su pastoral ejercicio, para el cual tenía ya compuesta una écloga, que mal año para cuantas Sanazaro había compuesto, y que ya tenía comprados de su propio dinero dos famosos perros para guardar el ganado, el uno llamado Barcino, y el otro Butrón, que se los había vendido un ganadero del Quintanar.

Pero no por esto dejaba don Quijote sus tristezas. Llamaron sus amigos al médico, tomóle el pulso, y no le contentó mucho, y dijo que, por sí o por no, atendiese a la salud de su alma, porque la del cuerpo corría peligro. Oyólo don Quijote con ánimo sosegado; pero no lo oyeron así su ama, su sobrina y su escudero, los cuales comenzaron a llorar tiernamente, como si ya le tuvieran muerto delante.

Fue el parecer del médico que melancolías y desabrimientos le acababan. Rogó don Quijote que le dejasen solo, porque quería dormir un poco. Hiciéronlo así y durmió de un tirón, como dicen, más de seis horas; tanto, que pensaron el Ama y la Sobrina que se había de quedar en el sueño. Despertó al cabo del tiempo dicho, y, dando una gran voz, dijo: -¡Bendito sea el poderoso Dios, que tanto bien me ha hecho! En fin, sus misericordias no tienen límite, ni las abrevian ni impiden los pecados de los hombres.

Estuvo atenta la sobrina a las razones del tío, y pareciéronle más concertadas que él solía decirlas, a lo menos, en aquella enfermedad, y preguntóle: -¿Qué es lo que vuesa merced dice, señor? ¿Tenemos algo de nuevo? ¿Qué misericordias son éstas, o qué pecados de los hombres? -Las misericordias -respondió don Quijote-, Sobrina, son las que en este instante ha usado Dios conmigo, a quien, como dije, no las impiden mis pecados.

  1. Yo tengo juicio ya, libre y claro, sin las sombras caliginosas de la ignorancia, que sobre él me pusieron mi amarga y continua leyenda de los detestables libros de las caballerías.
  2. Ya conozco sus disparates y sus embelecos, y no me pesa sino que este desengaño ha llegado tan tarde, que no me deja tiempo para hacer alguna recompensa, leyendo otros que sean luz del alma.

Yo me siento, Sobrina, a punto de muerte; querría hacerla de tal modo, que diese a entender que no había sido mi vida tan mala, que dejase renombre de loco; que puesto que lo he sido, no querría confirmar esta verdad en mi muerte. Llámame, amiga, a mis buenos amigos: al Cura, al bachiller Sansón Carrasco y a maese Nicolás el barbero que quiero confesarme y hacer mi testamento.

  1. Pero de este trabajo se excusó la sobrina con la entrada de los tres.
  2. Apenas los vio don Quijote, cuando dijo: -Dadme albricias, buenos señores, de que ya yo no soy don Quijote de la Mancha, sino Alonso Quijano, a quien mis costumbres me dieron renombre de Bueno,
  3. Ya soy enemigo de Amadís de Gaula y de toda la infinita caterva de su linaje; ya me son odiosas todas las historias profanas del andante caballería; ya conozco mi necedad y el peligro en que me pusieron haberlas leído; ya, por misericordia de Dios, escarmentando en cabeza propia, las abomino.

Cuando esto le oyeron decir los tres, creyeron, sin duda, que alguna nueva locura le había tomado. Y Sansón le dijo: -¿Ahora, señor don Quijote, que tenemos nueva que está desencantada la señora Dulcinea, sale vuesa merced con eso? Y ¿agora que estamos tan a pique de ser pastores, para pasar cantando la vida, como unos príncipes, quiere vuesa merced hacerse ermitaño? Calle, por su vida, vuelva en sí, y déjese de cuentos.

  1. Los de hasta aquí -replicó don Quijote-, que han sido verdaderos en mi daño, los ha de volver mi muerte, con ayuda del cielo, en mi provecho.
  2. Yo, señores, siento que me voy muriendo a toda prisa; déjense burlas aparte, y traíganme un confesor que me confiese y un escribano que haga mi testamento; que en tales trances como éste no se ha de burlar el hombre con el alma; y así, suplico que, en tanto que el señor Cura me confiesa, vayan por el escribano.

Miráronse unos a otros, admirados de las razones de don Quijote, y, aunque en duda, le quisieron creer; y una de las señales por donde conjeturaron se moría fue el haber vuelto con tanta facilidad de loco a cuerdo; porque a las ya dichas razones añadió otras muchas tan bien dichas, tan cristianas y con tanto concierto, que del todo les vino a quitar la duda, y a hacer creer que estaba cuerdo.

Hizo salir la gente el Cura, y quedóse solo con él, y confesóle. El Bachiller fue por el escribano, y de allí a poco volvió con él y con Sancho Panza; el cual Sancho (que ya sabía por nuevas del Bachiller en qué estado estaba su señor), hallando a la Ama y a la Sobrina llorosas, comenzó a hacer pucheros y a derramar lágrimas.

Acabóse la confesión, y salió el Cura, diciendo: -Verdaderamente se muere, y verdaderamente está cuerdo Alonso Quijano el Bueno; bien podemos entrar para que haga su testamento. Estas nuevas dieron un terrible empujón a los ojos preñados de Ama, Sobrina, y de Sancho Panza su buen escudero, de tal manera, que los hizo reventar las lágrimas de los ojos y mil profundos suspiros del pecho; porque verdaderamente, como alguna vez se ha dicho, en tanto que don Quijote fue Alonso Quijano el Bueno, a secas, y en tanto que fue don Quijote de la Mancha, fue siempre de apacible condición y de agradable trato, y por esto no sólo era bien querido de los de su casa, sino de todos cuantos le conocían.

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Entró el escribano con los demás, y después de haber hecho la cabeza del testamento y ordenado su alma don Quijote, con todas aquellas circunstancias cristianas que se requieren, llegando a las mandas, dijo: -Ítem, es mi voluntad que de ciertos dineros que Sancho Panza, a quien en mi locura hice mi escudero, tiene, que porque ha habido entre él y mí ciertas cuentas, y dares y tomares, quiero que no se le haga cargo dellos, ni se le pida cuenta alguna, sino que si sobrare alguno después de haberse pagado de lo que le debo, el restante sea suyo, que será bien poco, y buen provecho le haga; y si como estando yo loco fui parte para darle el gobierno de la ínsula, pudiera agora, estando cuerdo, darle el de un reino, se le diera, porque la sencillez de su condición y fidelidad de su trato lo merece.

Y volviéndose a Sancho, le dijo: -Perdóname, amigo, de la ocasión que te he dado de parecer loco como yo, haciéndote caer en el error en que yo he caído, de que hubo y hay caballeros andantes en el mundo. -¡Ay! -respondió Sancho llorando-. No se muera vuesa merced, señor mío, sino tome mi consejo, y viva muchos años; porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir, sin más ni más, sin que nadie le mate, ni otras manos le acaben que las de la melancolía.

  1. Mire no sea perezoso, sino levántese desa cama, y vámonos al campo vestidos de pastores, como tenemos concertado: quizá tras de alguna mata hallaremos a la señora doña Dulcinea desencantada, que no haya más que ver.
  2. Si es que se muere de pesar de verse vencido, écheme a mí la culpa, diciendo que por haber yo cinchado mal a Rocinante le derribaron; cuanto más que vuesa merced habrá visto en sus libros de caballerías ser cosa ordinaria derribarse unos caballeros a otros, y el que es vencido hoy ser vencedor mañana.

-Así es -dijo Sansón-, y el buen Sancho Panza está muy en la verdad destos casos. -Señores -dijo don Quijote-, vámonos poco a poco, pues ya en los nidos de antaño no hay pájaros hogaño. Yo fui loco, y ya soy cuerdo: fui don Quijote de la Mancha, y soy agora, como he dicho, Alonso Quijano el Bueno.

Pueda con vuestras mercedes mi arrepentimiento y mi verdad volverme a la estimación que de mí se tenía, y prosiga adelante el señor escribano. -Ítem, mando toda mi hacienda, a puerta cerrada, a Antonia Quijana mi sobrina, que está presente, habiendo sacado primero de lo más bien parado della lo que fuere menester para cumplir las mandas que dejo hechas; y la primera satisfación que se haga quiero que sea pagar el salario que debo del tiempo que mi ama me ha servido, y más veinte ducados para un vestido.

Dejo por mis albaceas al señor Cura y al señor bachiller Sansón Carrasco, que están presentes. -Ítem, es mi voluntad que si Antonia Quijana mi sobrina quisiere casarse, se case con hombre de quien primero se haya hecho información que no sabe qué cosas sean libros de caballerías; y en caso que se averiguare que lo sabe, y, con todo eso, mi sobrina quisiere casarse con él, y se casare, pierda todo lo que le he mandado, lo cual puedan mis albaceas distribuir en obras pías, a su voluntad.

Ítem, suplico a los dichos señores mis albaceas que si la buena suerte les trujere a conocer al autor que dicen que compuso una historia que anda por ahí con el título de Segunda parte de las hazañas de don Quijote de la Mancha, de mi parte le pidan, cuan encarecidamente ser pueda, perdone la ocasión que sin yo pensarlo le di de haber escrito tantos y tan grandes disparates como en ella escribe; porque parto desta vida con escrúpulo de haberle dado motivo para escribirlos.

Cerró con esto el testamento, y tomándole un desmayo, se tendió de largo a largo en la cama. Alborotáronse todos, y acudieron a su remedio, y en tres días que vivió después deste donde hizo el testamento, se desmayaba muy a menudo. Andaba la casa alborotada; pero, con todo, comía la Sobrina, brindaba el Ama, y se regocijaba Sancho Panza; que esto del heredar algo borra o templa en el heredero la memoria de la pena que es razón que deje el muerto.

  1. En fin, llegó el último de don Quijote, después de recebidos todos los sacramentos y después de haber abominado con muchas y eficaces razones de los libros de caballerías.
  2. Hallóse el escribano presente, y dijo que nunca había leído en ningún libro de caballerías que algún caballero andante hubiese muerto en su lecho tan sosegadamente y tan cristiano como don Quijote; el cual, entre compasiones y lágrimas de los que allí se hallaron, dio su espíritu: quiero decir que se murió.

Viendo lo cual el Cura, pidió al escribano le diese por testimonio como Alonso Quijano el Bueno, llamado comúnmente don Quijote de la Mancha, había pasado desta presente vida, y muerto naturalmente; y que el tal testimonio pedía para quitar la ocasión de algún otro autor que Cide Hamete Benengeli le resucitase falsamente, y hiciese inacabables historias de sus hazañas.

Yace aquí el Hidalgo fuerte
Que a tanto extremo llegó
De valiente, que se advierte
Que la muerte no triunfó
De su vida con su muerte.
Tuvo a todo el mundo en poco;
Fue el espantajo y el coco
Del mundo, en tal coyuntura,
Que acreditó su ventura,
Morir cuerdo y vivir loco.

Y el prudentísimo Cide Hamete dijo a su pluma: «Aquí quedarás, colgada desta espetera y deste hilo de alambre, ni sé si bien cortada o mal tajada péñola mía, adonde vivirás luengos siglos, si presuntuosos y malandrines historiadores no te descuelgan para profanarte. Pero antes que a ti lleguen, les puedes advertir, y decirles en el mejor modo que pudieres:

¡Tate, tate, folloncicos!
De ninguno sea tocada;
Porque esta impresa, buen rey,
Para mí estaba guardada.

Para mí sola nació don Quijote, y yo para él; él supo obrar y yo escribir; solos los dos somos para en uno, a despecho y pesar del escritor fingido y tordesillesco que se atrevió, o se ha de atrever, a escribir con pluma de avestruz grosera y mal deliñada las hazañas de mi valeroso caballero, porque no es carga de sus hombros, ni asunto de su resfriado ingenio; a quien advertirás, si acaso llegas a conocerle, que deje reposar en la sepultura los cansados y ya podridos huesos de don Quijote, y no le quiera llevar, contra todos los fueros de la muerte, a Castilla la Vieja, haciéndole salir de la fuesa, donde real y verdaderamente yace tendido de largo a largo, imposibilitado de hacer tercera jornada y salida nueva; que para hacer burla de tantas como hicieron tantos andantes caballeros, bastan las dos que él hizo, tan a gusto y beneplácito de las gentes a cuya noticia llegaron, así en éstos como en los extraños reinos.

¿Qué refranes utilizaba Don Quijote de la Mancha?

Un Homenaje a Don Quijote de la Mancha CAPÍTULO XXXII. De la respuesta que dio don Quijote a su reprehensor, con otros graves y graciosos sucesos —Sí soy —respondió Sancho—, y soy quien la merece tan bien como otro cualquiera; soy quien «júntate a los buenos, y serás uno de ellos», y soy yo de aquellos «no con quien naces, sino con quien paces», y de los «quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija».

Yo me he arrimado a buen señor, y ha muchos meses que ando en su compañía, y he de ser otro como él, Dios queriendo; y viva él y viva yo, que ni a él le faltarán imperios que mandar, ni a mí ínsulas que gobernar. Desde hace una década UVG celebra en los últimos días de abril el “Día del Quijote”, Esto se ha convertido en una tradición que esperan con alegría estudiantes, profesores, investigadores, invitados especiales y otros colaboradores de la Casa de Estudio.

Desde temprano y a lo largo del día, las personas desfilan en el punto de congregación para leer un fragmento de su elección de esta obra maestra. Cada persona y cada lectura despiertan el interés de la comunidad, resaltándose las infinitas posibilidades de aprendizaje y meditación que brinda Don Quijote de la Mancha, gracias al enorme talento de Miguel de Cervantes.

Dada la relevancia de la obra, en muchos países se festeja el 23 de abril, día en que falleció el autor, el Día del Libro, el Día del Idioma Español y el Día del Quijote. Esta actividad ha sido posible gracias al entusiasmo y dedicación de Luna Mishaan, Directora del Departamento de Comunicación y Letras, y de los demás miembros del Departamento.

Ellos se toman el tiempo de convocarnos a todos. En lo personal he participado en todas estas jornadas, siempre acompañado de una marioneta de Don Quijote, que compramos hace varios años a mi papá, quien era un ferviente admirador del personaje y de quien tenía unos doscientos ejemplares.

Muchos de ellos, regalos que recibió de sus hijos y nietos. Fernando, mi hermano mayor, aportó buena parte de dicha colección del Ingenioso Hidalgo. El ejercicio se ha complementado y enriqueciendo con una serie de actividades colaterales a la lectura de fragmentos de la obra. Por ejemplo, una de las más bonitas que se ha incorporado desde hace un par de años es una suerte de juego de escondite, en el que los estudiantes liberan algunos de sus libros, para compartirlos con otros miembros de la comunidad, fomentando así lectura.

Este año leí el fragmento colocado arriba, que se encuentra en el Capítulo XXXII de la Segunda Parte de Don Quijote de la Mancha. Hice hincapié en la sabiduría popular que se cuenta en la obra y que el autor ayuda a transmitir, mediante el empleo de muchos refranes.

En el texto referido aparecen dos de ellos «no con quien naces, sino con quien paces», y «quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija». Este invaluable recurso en las manos de un buen docente da cabida a múltiples experiencias de aprendizaje y discusión, que ayudan a acentuar valores universales.

«Donde manda patrón, no manda marinero», «Júntate a los buenos y serás uno de ellos», «Del dicho al hecho, hay un gran trecho», «Hoy por ti y mañana por mí», «El hombre pone y Dios dispone», «Dios madruga, al que mucho madruga», «Cuando a Roma fuera, haz lo que vieres», «La codicia rompe el saco» y «Dar tiempo al tiempo, que no ganó Zamora en una hora» son otros de los tantos ejemplos de refranes incluidos en Don Quijote, que denotan su vigencia.

¿Qué dijo Don Quijote de los molinos?

Del buen suceso que el valeroso Don Quijote tuvo en la espantable y jams imaginada aventura de los molinos de viento, con otros sucesos dignos de felice recordacin En esto descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo, y as como Don Quijote los vi, dijo a su escudero: la ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertramos a desear; porque ves all, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta o poco ms desaforados gigantes con quien pienso hacer batalla, y quitarles a todos las vidas, con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer: que esta es buena guerra, y es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra.

  • Qu gigantes? dijo Sancho Panza.
  • Aquellos que all ves, respondi su amo, de los brazos largos, que los suelen tener algunos de casi dos leguas.
  • Mire vuestra merced, respondi Sancho, que aquellos que all se parecen no son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que volteadas del viento hacen andar la piedra del molino.

Bien parece, respondi Don Quijote, que no ests cursado en esto de las aventuras; ellos son gigantes, y si tienes miedo qutate de ah, y ponte en oracin en el espacio que yo voy a entrar con ellos en fiera y desigual batalla. Y diciendo esto, dio de espuelas a su caballo Rocinante, sin atender a las voces que su escudero Sancho le daba, advirtindole que sin duda alguna eran molinos de viento, y no gigantes aquellos que iba a acometer.

  1. Pero l iba tan puesto en que eran gigantes, que ni oa las voces de su escudero Sancho, ni echaba de ver, aunque estaba ya bien cerca, lo que eran; antes iba diciendo en voces altas: non fuyades, cobardes y viles criaturas, que un solo caballero es el que os acomete.
  2. Levantse en esto un poco de viento y las grandes aspas comenzaron a moverse, lo cual visto por Don Quijote, dijo: pues aunque movis ms brazos que los del gigante Briareo, me lo habis de pagar.

Y en diciendo esto, y encomendndose de todo corazn a su seora Dulcinea, pidindole que en tal trance le socorriese, bien cubierto de su rodela, con la lanza en ristre, arremeti a todo el galope de Rocinante, y embisti con el primer molino que estaba delante; y dndole una lanzada en el aspa, la volvi el viento con tanta furia, que hizo la lanza pedazos, llevndose tras s al caballo y al caballero, que fue rodando muy maltrecho por el campo.

  1. Acudi Sancho Panza a socorrerle a todo el correr de su asno, y cuando lleg, hall que no se poda menear, tal fue el golpe que dio con l Rocinante.
  2. Vlame Dios! dijo Sancho; no le dije yo a vuestra merced que mirase bien lo que haca, que no eran sino molinos de viento, y no los poda ignorar sino quien llevase otros tales en la cabeza? Calla, amigo Sancho, respondi Don Quijote, que las cosas de la guerra, ms que otras, estn sujetas a continua mudanza, cuanto ms que yo pienso, y es as verdad, que aquel sabio Frestn, que me rob el aposento y los libros, ha vuelto estos gigantes en molinos por quitarme la gloria de su vencimiento: tal es la enemistad que me tiene; mas al cabo al cabo han de poder poco sus malas artes contra la voluntad de mi espada.
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Dios lo haga como puede, respondi Sancho Panza. Y ayudndole a levantar, torn a subir sobre Rocinante, que medio despaldado estaba; y hablando en la pasada aventura, siguieron el camino del puerto Lpice, porque all deca Don Quijote que no era posible dejar de hallarse muchas y diversas aventuras, por ser lugar muy pasajero; sino que iba muy pesaroso por haberle faltado la lanza y dicindoselo a su escudero, dijo: yo me acuerdo haber ledo que un caballero espaol, llamado Diego Prez de Vargas, habindosele en una batalla roto la espada, desgaj de una encina un pesado ramo o tronco, y con l hizo tales cosas aquel da, y machac tantos moros, que le qued por sobrenombre Machuca, y as l, como sus descendientes, se llamaron desde aquel da en adelante Vargas y Machuca.

  1. Hete dicho esto, porque de la primera encina o roble que se me depare, pienso desgajar otro tronco tal y bueno como aquel, que me imagino y pienso hacer con l tales hazaas, que t te tengas por bien afortunado de haber merecido venir a verlas, y aser testigo de cosas que apenas podrn ser credas.
  2. A la mano de Dios, dijo Sancho, yo lo creo todo as como vuestra merced lo dice; pero endercese un poco, que parece que va de medio lado, y debe de ser del molimiento de la cada.

As es la verdad, respondi Don Quijote; y si no me quejo del dolor, es porque no es dado a los caballeros andantes quejarse de herida alguna, aunque se le salgan las tripas por ella. Si eso es as, no tengo yo que replicar, respondi Sancho; pero sabe Dios si yo me holgara que vuestra merced se quejara cuando alguna cosa le doliera.

  • De m s decir, que me he de quejar del ms pequeo dolor que tenga, si ya no se entiende tambin con los escuderos de los caballeros andantes eso del no quejarse.
  • No se dej de rer Don Quijote de la simplicidad de su escudero; y as le declar que poda muy bien quejarse, como y cuando quisiese, sin gana o con ella, que hasta entonces no haba ledo cosa en contrario en la orden de caballera.

Djole Sancho que mirase que era hora de comer. Respondile su amo que por entonces no le haca menester; que comiese l cuando se le antojase. Con esta licencia se acomod Sancho lo mejor que pudo sobre su jumento, y sacando de las alforjas lo que en ellas haba puesto, iba caminando y comiendo detrs de su amo muy despacio, y de cuando en cuando empinaba la bota con tanto gusto, que le pudiera envidiar el ms regalado bodegonero de Mlaga.

  1. Y en tanto que l iba de aquella manera menudeando tragos, no se le acordaba de ninguna promesa que su amo le hubiese hecho, ni tena por ningn trabajo, sino por mucho descanso, andar buscando las aventuras por peligrosas que fuesen.
  2. En resolucin, aquella noche la pasaron entre unos rboles, y del uno de ellos desgaj Don Quijote un ramo seco, que casi le poda servir de lanza, y puso en l el hierro que quit de la que se le haba quebrado.

Toda aquella noche no durmi Don Quijote, pensando en su seora Dulcinea, por acomodarse a lo que haba ledo en sus libros, cuando los caballeros pasaban sin dormir muchas noches en las florestas y despoblados, entretenidos en las memorias de sus seoras.

No la pas as Sancho Panza, que como tena el estmago lleno, y no de agua de chicoria, de un sueo se la llev toda, y no fueran parte para despertarle, si su amo no le llamara, los rayos del sol que le daban en el rostro, ni el canto de las aves, que muchas y muy regocijadamente la venida del nuevo da saludaban.

Al levantarse dio un tiento a la bota, y hallla algo ms flaca que la noche antes, y afligisele el corazn por parecerle que no llevaban camino de remediar tan presto su falta. No quiso desayunarse Don Quijote porque como est dicho, dio en sustentarse de sabrosas memorias.

  1. Tornaron a su comenzado camino del puerto Lpice, y a hora de las tres del da le descubrieron.
  2. Aqu, dijo en vindole Don Quijote, podemos, hermano Sancho Panza, meter las manos hasta los codos en esto que llaman aventuras, mas advierte que, aunque me veas en los mayores peligros del mundo, no has de poner mano a tu espada para defenderme, si ya no vieres que los que me ofenden es canalla y gente baja, que en tal caso bien puedes ayudarme; pero si fueren caballeros, en ninguna manera te es lcito ni concedido por las leyes de caballera que me ayudes, hasta que seas armado caballero.

Por cierto, seor, respondi Sancho, que vuestra merced ser muy bien obedecido en esto, y ms que yo de mo me soy pacfico y enemigo de meterme en ruidos y pendencias; bien es verdad que en lo que tocare a defender mi persona no tendr mucha cuenta con esas leyes, pues las divinas y humanas permiten que cada uno se defienda de quien quisiere agraviarle.

  • No digo yo menos, respondi Don Quijote; pero en esto de ayudarme contra caballeros, has de tener a raya tus naturales mpetus.
  • Digo que s lo har, respondi Sancho, y que guardar ese precepto tan bien como el da del domingo.
  • Estando en estas razones, asomaron por el camino dos frailes de la orden de San Benito, caballeros sobre dos dromedarios, que no eran ms pequeas dos mulas en que venan.

Traan sus anteojos de camino y sus quitasoles. Detrs de ellos vena un coche con cuatro o cinco de a caballo que les acompaaban, y dos mozos de mulas a pie. Vena en el coche, como despus se supo, una seora vizcana que ia a Sevilla, donde estaba su marido que pasaba a las Indias con muy honroso cargo.

No venan los frailes con ella, aunque iban el mismo camino; mas apenas los divis Don Quijote, cuando dijo a su escudero: o yo me engao, o esta ha de ser la ms famosa aventura que se haya visto, porque aquellos bultos negros que all parecen, deben ser, y son sin duda, algunos encantadores que llevan hurtada alguna princesa en aquel coche, y es menester deshacer este tuerto a todo mi podero.

Peor ser esto que los molinos de viento, dijo Sancho. Mire seor, que aquellos son frailes de San Benito, y el coche debe de ser de alguna gente pasajera: mire que digo que mire bien lo que hace, no sea el diablo que le engae. Ya te he dicho, Sancho, respondi Don Quijote, que sabes poco de achaques de aventuras: lo que yo digo es verdad, y ahora lo vers.

Y diciendo esto se adelant, y se puso en la mitad del camino por donde los frailes venan, y en llegando tan cerca que a l le pareci que le podan or lo que dijese, en alta voz dijo: gente endiablada y descomunal, dejad luego al punto las altas princesas que en ese coche llevis forzadas, si no, aparejos a recibir presta muerte por justo castigo de vuestras malas obras.

Detuvieron los frailes las riendas, y quedaron admirados, as de la figura de Don Quijote, como de sus razones; a las cuales respondieron: seor caballero, nosotros no somos endiablados ni descomunales, sino dos religiosos de San Benito, que vamos a nuestro camino, y no sabemos si en este coche vienen o no ningunas forzadas princesas.

Para conmigo no hay palabras blandas, que ya yo os conozco, fementida canalla, dijo Don Quijote. Y sin esperar ms respuesta, pic a Rocinante, y la lanza baja arremeti contra el primer fraile con tanta furia y denuedo, que si el fraile no se dejara caer de la mula, l le hiciera venir al suelo mal de su grado, y aun mal ferido si no cayera muerto.

El segundo religioso, que vio del modo que trataban a su compaero, puso piernas al castillo de su buena mula, y comenz a correr por aquella campaa ms ligero que el mismo viento. Sancho Panza que vio en el suelo al fraile, apendose ligeramente de su asno, arremeti a l y le comenz a quitar los hbitos.

  • Llegaron en esto dos mozos de los frailes, y preguntronle que por qu le desnudaba.
  • Respondiles Sancho que aquello le tocaba a l legtimamente, como despojos de la batalla que su seor Don Quijote haba ganado.
  • Los mozos, que no saban de burla, ni entendan aquello de despojos ni batallas, viendo que ya Don Quijote estaba desviado de all, hablando con las que en el coche venan, arremetieron con Sancho, y dieron con l en el suelo; y sin dejarle pelo en las barbas le molieron a coces y le dejaron tendido en el suelo sin aliento ni sentido: y sin detenerse un punto, torn a subir el fraile, todo temeroso y acobardado y sin color en el rostro y cuando se vio a caballo pic tras su compaero, que un buen espacio de all le estaba aguardando, y esperando en qu paraba aquel sobresalto; y sin querer aguardar el fin de todo aquel comenzado suceso, siguieron su camino hacindose ms cruces que si llevaran el diablo a las espaldas.

Don Quijote estaba, como se ha dicho, hablando con la seora del coche, dicindole: la vuestra fermosura, seora ma, puede facer de su persona lo que ms le viniera en talante, porque ya la soberbia de vuestros robadores yace por el suelo derribada por este mi fuerte brazo; y porque no penis por saber el nombre de vuestro libertador, sabed que yo me llamo Don Quijote de la Mancha, caballero andante y aventurero, y cautivo de la sin par y hermosa doa Dulcinea del Toboso; y en pago del beneficio que de m habis recibido o quiero otra cosa sino que volvis al Toboso, y que de mi parte os presentis ante esta seora, y le digis lo que por vuestra libertad he fecho.

Todo esto que Don Quijote deca, escuchaba un escudero de los que el coche acompaaban, que era vizcano; el cual, viendo que no quera dejar pasar el coche adelante, sino que deca que luego haba de dar la vuelta al Toboso, se fue para Don Quijote, y asindole de la lanza le dijo en mala lengua castellana, y peor vizcana, de esta manera: anda, caballero, que mal andes; por el Dios que crime, que si no dejas coche, as te matas como ests ah vizcano.

Entendile muy bien Don Quijote, y con mucho sosiego le respondi: si fueras caballero, como no lo eres, ya yo hubiera castigado tu sandez y atrevimiento, cautiva criatura. A lo cual replic el vizcano: yo no caballero? juro a Dios tan mientes como cristiano; si lanza arrojas y espada sacas, el agua cun presto vers que el gato llevas; vizcano por tierra, hidalgo por mar, hidalgo por el diablo; y mientes, que mira si otra dices cosa.

Ahora lo veredes, dijo Agraves, respondi Don Quijote; y arrojando la lanza en el suelo, sac su espada y embraz su rodela, y arremeti al vizcano con determinacin de quitarle la vida. El vizcano, que as le vio venir, aunque quisiera apearse de la mula, que por ser de las malas de alquiler, no haba que fiar en ella, no pudo hacer otra cosa sino sacar su espada; pero avnole bien que se hall junto al coche, de donde pudo tomar una almohada que le sirvi de escudo, y luego fueron el uno para el otro, como si fueran dos mortales enemigos.

La dems gente quisiera ponerlos en paz; mas no pudo, porque deca el vizcano en sus mal trabadas razones, que si no le dejaban acabar su batalla, que l mismo haba de matar a su ama y a toda la gente que se lo estorbase. La seora del coche, admirada y temerosa de lo que vea, hizo al cochero que se desviase de all algn poco, y desde lejos se puso a mirar la rigurosa contienda, en el discurso de la cual dio el vizcano una gran cuchillada a Don Quijote encima de un hombro por encima de la rodela, que a drsela sin defensa, le abriera hasta la cintura.

Don Quijote, que sinti la pesadumbre de aquel desaforado golpe, dio una gran voz, diciendo: oh seora de mi alma, Dulcinea, flor de la fermosura, socorred a este vuestro caballero, que por satisfacer a la vuestra mucha bondad, en este riguroso trance se halla! El decir esto, y el apretar la espada, y el cubrirse bien de su rodela, y el arremeter al vizcano, todo fue en un tiempo, llevando determinacin de aventurarlo todo a la de un solo golpe.

El vizcano, que as le vio venir contra l, bien entendi por su denuedo su coraje, y determin hacer lo mismo que Don Quijote: y as le aguard bien cubierto de su almohada, sin poder rodear la mula a una ni a otra parte, que ya de puro cansada, y no hecha a semejantes nieras, no poda dar un paso.

Vena, pues, como se ha dicho, Don Quijote contra el cauto vizcano con la espada en alto, con determinacin de abrirle por medio, y el vizcano le aguardaba asimismo, levantada la espada y aforrado con su almohada, y todos los circunstantes estaban temerosos y colgados de lo que haba de suceder de aquellos tamaos golpes con que se amenazaban, y la seora del coche y las dems criadas suyas estaban haciendo mil votos y ofrecimientos a todas las imgenes y casas de devocin de Espaa, porque Dios librase a su escudero y a ellas de aquel tan grande peligro en que se hallaban.

Pero est el dao de todo esto, que en este punto y trmino deja el autor de esta historia esta batalla, disculpndose que no hall ms escrito destas hazaas de Don Quijote, de las que deja referidas. Bien es verdad que el segundo autor de esta obra no quiso creer que tan curiosa historia estuviese entregada a las leyes del olvido, ni que hubiesen sido tan poco curiosos los ingenios de la Mancha que no tuviesen en sus archivos o en sus escritorios algunos papeles que de este famoso caballero tratasen; y as, con esta imaginacin, no se desesper de hallar el fin de esta apacible historia, el cual, sindole el cielo favorable, le hall del modo que se contar en el siguiente captulo.

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